Lo soñado se ha perdido al despertar. Dolorosas manos reclaman atención y cura. La primera sed borra todos estos motivos que se quedan pendientes para un momento de calma que no llega nunca. Las tareas cotidianas reclaman con tal urgencia que borran toda posibilidad de canto. Sin embargo, por la ventana escuchamos la música de un origen indeterminado y de repente recordamos al toro de la pesadilla.
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