Había dicho que habría que diferenciar entre la "alta filosofía" y la nuestra, filosofía práctica. Apenas había esbozado, dejado entrever a qué me refería con las intenciones que debía cubrir esta segunda rama (por así decirlo). Mencioné apenas su carácter utilitario, su búsqueda de respuestas más que la satisfacción de una sabiduría. Pues bien, ahora intento aquí ofrecer esquemáticamente a qué me refiero con estas respuestas.
Primero habría que diferenciar esta búsqueda de respuestas con lo que a diario hacemos todos en nuestro diario vivir. Las respuestas sobre lo cotidiano apunta a la solución de alguna elección.
Mejor, enumeraré los tipos de respuestas de lo cotidiano que no tienen qué ver con las respuestas filosóficas.
1. Respuestas de elección. Cuando debemos optar por algo que se despliega frente a nosotros. ¿Pastel o pan? ¿Cerveza o vino? ¿Caminando o en taxi? Respuestas para una satisfacción inmediata. No hay mucho en qué pensar, tan sólo una consulta hacia nuestros gustos o nuestros ánimos.
2. Respuestas escolares. Ante los exámenes de escuela se nos pide la recuperación de datos en la memoria. Respuestas que tampoco tienen mucho análisis, sí tal vez una indagatoria de una cadena de causas ayudará a la memoria, pero nada más.
3. Respuestas de cocina. ¿Le falta sal al caldo? ¿Esta pintura está correctamente diluida? ¿Cuánto más tendré que ahorrar para lograr mis metas? Respuestas que requieren una indagatoria sobre alguna presencia para poderla responder. Indagatoria práctica que tampoco es de un gran análisis.
Estas son los tipos de respuestas del día a día que no conforman nuestra indagatoria filosófica de lo cotidiano. A lo que me refiero es a una exigencia más profunda sobre aquello en que nos hallamos inmersos o que nos rodea.
En una primera instancia a lo que me refiero es a respuestas que responden a las preguntas que podrían iniciar con: *¿por qué...?* Ejemplos básicos, ¿por qué tengo hambre? ¿Por qué tengo sueño? Claro que esto puede ser respondido de manera bastante superflua, *porque no has comido, porque estás cansado*. Pero no me refiero a este tipo de respuestas, sino a aquellas que no tienen miedo de ir más allá y de hecho son producto de una exigencia del conocimiento. La primera puede desembocar en toda una explicación sobre la alimentación y la nutrición, la segunda sobre los aspectos fisiológicos que nos gobiernan en tanto seres orgánicos.
Hasta aquí estamos considerando la individualidad. Hay otras preguntas cuyas respuestas apuntan hacia lo social *¿por qué no me aman? ¿por qué aquél tiene éxito?* Respuestas que exigen la intervención del otro para ser cumplidas. No te aman porque estás manejando mal tus tácticas hacia la otra persona, aquel tiene éxito porque satisface las necesidades de la gente a quienes se dirige.
Y hay respuestas que implican a la naturaleza y que ya comienzan a rayar con la filosofía formal, pero que todavía están al alcance de nuestra necesidad: ¿por qué llueve? ¿Por qué las cosas caen? Las respuestas, como se intuye, requieren una indagatoria en la ciencia.
Estas preguntas deben formularse para conocer, pero hay otras que nos podrían llevar a la acción y que también exigen un análisis para ser respondidas. Aunque hayamos llegado a los terrenos de lo pragmático bien podemos incluirlas en los terrenos de nuestro tema. Estas responden a *"¿Cómo hacer para...?* ¿Cómo hacerle para labrar este terreno con menos esfuerzo? ¿Cómo le hago para lograr más lectores? Respuestas que dirigirán nuestras acciones de la mejor manera siempre y cuando las respondamos con sinceridad y conocimiento de los elementos implicados. Conocer antecedentes para elaborar nuevos elementos requiere de la pregunta intermedia para ir conformando esos fines. Ahí reside la importancia de la filosofía práctica, la elaboración correcta de las preguntas y la construcción responsable de las respuestas.
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