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lunes, 23 de marzo de 2020

Una constante

1. Recámara. Este es mi espacio. Lugar interior donde conviven confundidos sueños y realidades. Momentos han sucedido en que me descubro ahí, perdido en el tiempo. No es extraño que me sorprenda charlando con aquellos muertos de mi familia: siempre me dan todos el mismo consejo.
2. El foco. Su falsa luz permite el despliegue de mis anhelos. Foco que conozco sin complicaciones: no hay nada complejo en su sencilla figura. Magnifico el alcance de su luz y los mapas que despliega en mi techo. Lo conozco tanto que podría formar con sus luces y las grietas un arte adivinatorio sin problemas. ¿Me atreveré a su desciframiento?
3. Ventana. Ignorado medio fronterizo, deberíamos agradecerte esas visiones con las que nos permites extender nuestra mirada. Comparo, gracias a ti, las limitaciones de mi recámara con la multiplicidad del mundo externo. Te valoro y te cuido, jamás permitiré que se quebren tus sucios cristales. (La ventana supone, erróneamente, que sólo ha servido para dejar pasar las visiones del cielo).
4. Ciudad. Apenas sí la conozco desde los techos de las casas ¡y con ello conozco tanto de mis vecinos! El solitario fabricante de jabones, el hábil albañil que pinta, el sacerdote que ha optado por esconder sus pecados en el cielo. Todos ellos han dejado muestras de sus tareas al alcance de mi vista, que tal vez sepa más yo de ellos que ellos de sí mismos. Es que me he dedicado a ser el astrólogo de sus bombillas.
5. Cielo. Nadie lo ha sabido nunca y hoy lo confieso. No me es ajena la altura del cielo. La he medido perfectamente con la extensión de mis ánimos y mide 78 anhelos y medio. Pero también conozco su profundidad gracias a los sonidos que le anidan. De algo ha servido escuchar los ladridos del perro, los cucús de la paloma y el estruendo del infinito rayo. ¡Qué feliz coincidencia el saber que, finalmente, mide exacto los alcances de mi mirada!
6. La última estrella. Ya el cielo comienza a tornar sus azules oscuros. Van desapareciendo una a una las estrellas. Pero hay una que pervive justo en el frente de mi ventana. La nombro Aurora y comienza a titilar. La miro tan fijamente que percibo su movimiento lento. Esos pocos milímetros me permiten saber el indiscutible rumbo que tomará mi destino.

lunes, 16 de marzo de 2020

Místico III

Me gustaría no ser yo mientras contemplo el avance de la tarde sobre ese solitario árbol en el campo. Es que si soy yo entonces el árbol ya no se encuentra solitario. Si me eliminase notaría mejor cómo el viento llega y se va por los costados del árbol. Comprendería mejor cómo la sombra va movilizándose sobre el pasto y sobre esas flores blancas que sí saben ignorar todos estos acontecimientos. Daría mejores comentarios de cómo valoran los pajarillos pardos esas sus ramas favoritas. Sabría la opinión que tiene el árbol durante el transcurrir del sol y cómo, en definitiva, orienta sus hojitas para contabilizar en la noche, cada una de las estrellas.

lunes, 9 de marzo de 2020

Soy

A Ángela Rodríguez

Soy yo
y mis visiones
geométricas.
Mido las distancias
radiales de mi vista,
siempre me
convierto
en esta esfera
angulosa
que percibo.
Compito con
la luz,
y siempre
triunfo contra
su doble,
la sombra.
Me torno
en el eco
del silencio,
lo sé porque
me escucho
perfecto
en este frontón
de los
sonidos.
Soy la cápsula
y mi centro,
viajo clavado
en esta porción
de tierra
donde sé
que ahora
ocupo el
espacio de las
estrellas.

Esto sucede
siempre
que me decido
a ser
una parte de
la noche
que me cubre
sin esperanza.

Carta a Amaranta

Amaranta, hace poco me escribiste que habías terminado de leer Cien años de soledad, y me preguntabas por la posibilidad del significado de ...