La música era otra vez la única distracción de aquella noche. Mi madre cocinaba y no tenía tiempo para formular mis respuestas; mi padre se ausentaba hasta cuando estaba presente. Yo leo por décima ocasión el mapa de México que se encuentra debajo del mantel del comedor. La taza del café es entregada como siempre a mi padre sediento, no mide el sorbo y se quema la boca, lanza la taza a lo lejos. Por un instante el café se dispersa en el aire formando una hermosa cola de pavorreal de brillantes perlas negras. Luego la taza choca en el piso e irrumpe toscamente la música que sigue sonando.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Carta a Amaranta
Amaranta, hace poco me escribiste que habías terminado de leer Cien años de soledad, y me preguntabas por la posibilidad del significado de ...
-
Charla la joven con su madre en medio de la fila de espera. De repente la adolescente se sabe mirada con cierto grado de deseo. Comienza en...
-
El indiferente sol permite que esos niños estúpidos laceren el árbol. Los ruidos de los motores marcan el flujo sonoro de la avenida. Hay u...
-
Me gustaría no ser yo mientras contemplo el avance de la tarde sobre ese solitario árbol en el campo. Es que si soy yo entonces el árbol ya...
No hay comentarios:
Publicar un comentario