martes, 31 de marzo de 2020

Ingredientes infalibles

Para mi amiga
Astucia, quien supo
de estos eventos

Tengo la luz
de las seis de la tarde,
el sonido vespertino
de los domingos
eclesiales,
las notas largas
de algunas canciones
de Pink Floyd,
el recuerdo implantado
de abuelos que no conocimos,
los descansos laborales
entre las parcelas
dilatadas,
el robo de aquel
libro que tuvo
entre sus manos,
los accesos a las
visiones atemporales
a ras de las banquetas,
el sonido de su voz
al teléfono de mis
padres,
los rincones
simbólicos de ciudades
extrañas,
las remembranzas
felices de una
infancia añorada,
los constantes encuentros
en las lecturas
de poetas extranjeros,
las sensaciones
de caricias sin piel
externa,
las recriminaciones
contenidas de mi madre
al escuchar tu nombre,
el recuerdo de mis
perros muertos,
el sentimiento
aquel cuando me
robaron mi bicicleta,
el frío viento
golpeando duramente
mi rostro,
los paisajes como
evidencia de aquellos
camino del sur,
el fondo del autobús
cuando de allá adentro
venías caminando,
el dolo en mi cuerpo
luego de que pasaron
los efectos de la anestesia,
la visión de un
cuerpo muerto en
el suelo,
la sensación horripilante
del agua fría
en mi piel caliente,
el cariño bendito
de mi abuela
que vivió sólo dos
meses de mi vida,
la complicidad
de mi madre
y algunas canciones que
sólo ella recuerda,
agrego, incluso,
la ira recurrente
de mi padre.
Sobre todo…
tu mano en
mi espalda,
tus labios
en mi boca,
los contornos de
tu cuerpo desnudo,
el sentimiento
vergonzoso de
tu entrega,
el secreto de
los dos por las
calles de Guadalajara,
el llanto que
te vieron
cuando rompí
tu corazón
voluntariamente,
las tres letras
de tu nombre
que me ponen a
temblar cuando
las leo,
el beso que nos
dimos frente
a Los Murales,
el humo de
la taquería que
quedó en mi recuerdo,
las historias sencillas
que me contaste,
los papeles
aquellos que me
escribiste,
la canción erótica
que bailamos juntos,
la supuesta soledad
desde la que me
estabas esperando,
la seguridad de haber
encontrado lo que
quería,
la longitud de
tu pelo crespo,
ciertas figuras
sentidas de tu cuerpo
que nunca llegué
a ver con mis
propios ojos,
la algarabía
compartida de
tu sonrisa franca,
la potencia extrema
de tu mirada
capaz de reducir
a cero la presencia
entera de una plaza,
tu facultad de
reducir el tiempo,
tu facultad de
alargar recuerdos.
Toma todo,
como la pirinola
y llévatelo tras
de ti,
que a mí me
basta esa sombra,
ese eco,
esas remembranzas,
para seguirte
escribiendo
aunque no haya
más papel
para hacerlo.

lunes, 23 de marzo de 2020

Una constante

1. Recámara. Este es mi espacio. Lugar interior donde conviven confundidos sueños y realidades. Momentos han sucedido en que me descubro ahí, perdido en el tiempo. No es extraño que me sorprenda charlando con aquellos muertos de mi familia: siempre me dan todos el mismo consejo.
2. El foco. Su falsa luz permite el despliegue de mis anhelos. Foco que conozco sin complicaciones: no hay nada complejo en su sencilla figura. Magnifico el alcance de su luz y los mapas que despliega en mi techo. Lo conozco tanto que podría formar con sus luces y las grietas un arte adivinatorio sin problemas. ¿Me atreveré a su desciframiento?
3. Ventana. Ignorado medio fronterizo, deberíamos agradecerte esas visiones con las que nos permites extender nuestra mirada. Comparo, gracias a ti, las limitaciones de mi recámara con la multiplicidad del mundo externo. Te valoro y te cuido, jamás permitiré que se quebren tus sucios cristales. (La ventana supone, erróneamente, que sólo ha servido para dejar pasar las visiones del cielo).
4. Ciudad. Apenas sí la conozco desde los techos de las casas ¡y con ello conozco tanto de mis vecinos! El solitario fabricante de jabones, el hábil albañil que pinta, el sacerdote que ha optado por esconder sus pecados en el cielo. Todos ellos han dejado muestras de sus tareas al alcance de mi vista, que tal vez sepa más yo de ellos que ellos de sí mismos. Es que me he dedicado a ser el astrólogo de sus bombillas.
5. Cielo. Nadie lo ha sabido nunca y hoy lo confieso. No me es ajena la altura del cielo. La he medido perfectamente con la extensión de mis ánimos y mide 78 anhelos y medio. Pero también conozco su profundidad gracias a los sonidos que le anidan. De algo ha servido escuchar los ladridos del perro, los cucús de la paloma y el estruendo del infinito rayo. ¡Qué feliz coincidencia el saber que, finalmente, mide exacto los alcances de mi mirada!
6. La última estrella. Ya el cielo comienza a tornar sus azules oscuros. Van desapareciendo una a una las estrellas. Pero hay una que pervive justo en el frente de mi ventana. La nombro Aurora y comienza a titilar. La miro tan fijamente que percibo su movimiento lento. Esos pocos milímetros me permiten saber el indiscutible rumbo que tomará mi destino.

No ser Goethe

Alfonso Reyes decía de los escritos de Goethe que no tenía ni una sola línea de desperdicio a lo largo de toda su obra (la literaria y la científica). A veces, cuando nos atrevemos a leer otras obras que no son las grandiosas de nuestros autores favoritos (Borges, para mi caso) encontramos con tristeza líneas o textos completos que bien serán olvidados.

Entonces nos atrevemos a seguir escribiendo ya quitados de la pena, sabiendo que la mayoría de lo que hagamos será prescindible y rápidamente olvidado.

domingo, 22 de marzo de 2020

Tres tiempos

El relojero pretende llevar la precisión fuera de su taller, árboles de la misma especie le hacen comprender su error con el crecimiento dispar de sus ramas. El sol pareciera reír de ambos, sabedor de la mecánica estelar de un tiempo tan absoluto que hace andar manecillas y crecimientos.

Sobre la filosofía práctica

Había dicho que habría que diferenciar entre la "alta filosofía" y la nuestra, filosofía práctica. Apenas había esbozado, dejado  entrever a qué me refería con las intenciones que debía cubrir esta segunda rama (por así decirlo). Mencioné apenas su carácter utilitario, su búsqueda de respuestas más que la satisfacción de una sabiduría. Pues bien, ahora intento aquí ofrecer esquemáticamente a qué me refiero con estas respuestas.

Primero habría que diferenciar esta búsqueda de respuestas con lo que a diario hacemos todos en nuestro diario vivir. Las respuestas sobre lo cotidiano apunta a la solución de alguna elección.

Mejor, enumeraré los tipos de respuestas de lo cotidiano que no tienen qué ver con las respuestas filosóficas.

1. Respuestas de elección. Cuando debemos optar por algo que se despliega frente a nosotros. ¿Pastel o pan? ¿Cerveza o vino? ¿Caminando o en taxi? Respuestas para una satisfacción inmediata. No hay mucho en qué pensar, tan sólo una consulta hacia nuestros gustos o nuestros ánimos.

2. Respuestas escolares. Ante los exámenes de escuela se nos pide la recuperación  de datos en la memoria. Respuestas que tampoco tienen mucho análisis, sí tal vez una indagatoria de una cadena de causas ayudará a la memoria, pero nada más.

3. Respuestas de cocina. ¿Le falta sal al caldo? ¿Esta pintura está correctamente diluida? ¿Cuánto más tendré que ahorrar para lograr mis metas? Respuestas que requieren una indagatoria sobre alguna presencia para poderla responder. Indagatoria práctica que tampoco es de un gran análisis.

Estas son los tipos de respuestas del día a día que no conforman nuestra indagatoria filosófica de lo cotidiano. A lo que me refiero es a una exigencia más profunda sobre aquello en que nos hallamos inmersos o que nos rodea.

En una primera instancia a lo que me refiero es a respuestas que responden a las preguntas que podrían iniciar con: *¿por qué...?* Ejemplos básicos, ¿por qué tengo hambre? ¿Por qué tengo sueño? Claro que esto puede ser respondido de manera bastante superflua, *porque no has comido, porque estás cansado*. Pero no me refiero a este tipo de respuestas, sino a aquellas que no tienen miedo de ir más allá y de hecho son producto de una exigencia del conocimiento. La primera puede desembocar en toda una explicación sobre la alimentación y la nutrición, la segunda sobre los aspectos fisiológicos que nos gobiernan en tanto seres orgánicos.

Hasta aquí estamos considerando la individualidad. Hay otras preguntas cuyas respuestas apuntan hacia lo social *¿por qué no me aman? ¿por qué aquél tiene éxito?* Respuestas que exigen la intervención del otro para ser cumplidas. No te aman porque estás manejando mal tus tácticas hacia la otra persona, aquel tiene éxito porque satisface las necesidades de la gente a quienes se dirige.

Y hay respuestas que implican a la naturaleza y que ya comienzan a rayar con la filosofía formal, pero que todavía están al alcance de nuestra necesidad: ¿por qué llueve? ¿Por qué las cosas caen? Las respuestas, como se intuye, requieren una indagatoria en la ciencia.

Estas preguntas deben formularse para conocer, pero hay otras que nos podrían llevar a la acción y que también exigen un análisis para ser respondidas. Aunque hayamos llegado a los terrenos de lo pragmático bien podemos incluirlas en los terrenos de nuestro tema. Estas responden a *"¿Cómo hacer para...?* ¿Cómo hacerle para labrar este terreno con menos esfuerzo? ¿Cómo le hago para lograr más lectores? Respuestas que dirigirán nuestras acciones de la mejor manera siempre y cuando las respondamos con sinceridad y conocimiento de los elementos implicados. Conocer antecedentes para elaborar nuevos elementos requiere de la pregunta intermedia para ir conformando esos fines. Ahí reside la importancia de la filosofía práctica, la elaboración correcta de las preguntas y la construcción responsable de las respuestas.

sábado, 21 de marzo de 2020

Sorprendida

El indiferente sol permite que esos niños estúpidos laceren el árbol. Los ruidos de los motores marcan el flujo sonoro de la avenida. Hay una palmera que promete frutos infértiles a los pájaros. Hay flores rosas que se empeñan en embellecer el pavimento a toda costa. El poema que escribo le parece raro a esa señora que me mira de reojo, si ella pudiera leer su presencia involuntaria, justificaría su existencia en una sola mirada.

Morralla sobre las revistas

1. El atractivo de las revistas (Nexos, Vuelta, suplementos dominicales) tiene diversas razones. Hoy puntualizo la existencia de múltiples autores y, por lo tanto, de diversas opiniones. De esta manera nos enteramos y conocemos sus puntos de vista y, más que nada, los mecanismos a los que recurren para dar forma a sus pensamientos.

2. La inmediatez de los temas es muy sabido entre los lectores de estos medios. Ahí nos enteramos rápidamente sobre la actualidad en la que vivimos. Esta velocidad de información apenas es superada por el diario periódico, pero en estos, la forma no permite una profundidad y los escitores responden, muchas de las veces a solicitudes explícitas de los editores o directores de sus respectivos diarios.

3. La variedad de temas. En un mismo número editado hay muchos autores cada uno tocando el tema de su especidalidad o deseo. Nos podemos enterar tanto de las acciones de tal o cual partido político, como de la última película de nuestro director favorito, pasando por las más recientes publicaciones de esta editorial o análisis de obras literarias de autores vivos o muertos. Nos enteramos y nuestra sed de conocimientos se ve satisfecha.

4. La libertad de los artículos está menos constreñida que la forma del libro. Un sabor que nos deja la lectura de los artículos en las revistas es que ahí el escritor escribe con mayor libertad que en el formalismo del libro. En el libro el autor debe "respirar" a lo grande, llenar un formato más largo por definición, mientras que en la revista, en el artículo, le es suficiente un par de pincelazos para lograr trazar su idea. Claro que no quiero denostar uno u otro formato, simplemente me gustaría destacar aquí las ventajas de cada uno, y el de la revista logra una frescura que siempre es agradecida.

viernes, 20 de marzo de 2020

Sátiro

Charla la joven con su madre en medio de la fila de espera. De repente la adolescente se sabe mirada con cierto grado de deseo. Comienza entonces a mostrarse todo lo erótica que su corta experiencia le permite. Disimula su charla mientras de reojo lleva un registro de mis reacciones mientras ella se toca el seno derecho y arquea su cintura para lograr volúmenes que todavía no tiene. Yo he advertido todo el juego y ahora sólo me resta sonreír agradecido.

Stop and play

A finales de los años 70 eran ya habituales las radio-grabadoras que utilizaban cassettes. Muchos nos dimos vuelo grabando las canciones que tocaban en la radio para tenerlas para siempre y gratis con nosotros. Pues bien, el problema de graba en esas cintas residía en que si querías saltarte a otra canción más adelante de la que estabas escuchando tenías que adelantar el bobinado del cassette hasta llegar a donde deseabas. En muchas ocasiones te pasabas y tenías que regresarte. La cosa es que tenías que manipular los botones de adelante, atrás y play repetidamente. Nosotros, en mi familia, nos habituamos a oprimir el botón stop antes de cualquier otro para parar su ejecución. Con eso, pensábamos, tratábamos de la mejor manera a nuestro aparato reproductor para que durara mucho tiempo. De modo que me pareció todo un escándalo cuando mi amigo de primaria, el Chapu, oprimía uno u otro botón de adelante o atrás o play sin tocar para nada el de stop. Sin duda una costumbre familiar, tal vez esos fueron los primeros signos evidentes de que de una familia a otra somos diferentes.

jueves, 19 de marzo de 2020

Otoño el campo

El estanque, aparentemente quieto, refleja las copas de los árboles, pero no el techo de la casa a un costado. Se escucha el paso del viento que levanta el polvo del camino. Ningún caballo está dispuesto a soportar montura alguna el día de hoy. Es el tiempo del otoño y las mazorcas están maduras. El hijo del campesino acepta la última tortilla bajo al sombra de aquel árbol, mientras su padre le sonríe.

Stephen Howking en Guadalajara

Trabajo en Guadalajara. No tengo auto y mi único medio de transporte es el colectivo. Los traslados, aunque pudieran parecer en un espacio corto, son largos en el tiempo. Así es que aprovecho esas "horas muertas" leyendo en los camiones, cuando encuentro asiento.

En cierta ocasión iba leyendo *Breve historia del tiempo* de Stephen Howking. Me siento abrumado por los enormes datos que Stephen pone en mi cabeza. Me doy cuenta de que ya está por llegar mi "bajada". Toco el timbre. Me bajo. Estoy en las calles de siempre en la colonia Alcalde-Barranquitas, pero no identifico nada de eso que he visto repetidas veces. Me siento perdido. ¡Maldito Howking! ¿Ahora cómo llegaré a mi casa?

miércoles, 18 de marzo de 2020

Opciones

Opta Xihutecutli por lanzar su tercera bocanada de lumbre. ¡Pero la lluvia ha cambiado tantos planes! La noche enlista las razones, humedales cargados, temporales que tienden a gélidos y la escasez de estrellas reducían posibilidades. Se comprende entonces esta insana costumbre del clima de hacernos cambiar de parecer.

Adiós amor

El poeta vuelve y lo intenta, no hay modo, el poema termina nuevamente cargado de cursilerías que solamente él podría considerar amorosas. Reconoce la falsedad de sus resultados y guarda sus textos sólo por respeto a ella. Cierto día se cansa de la inútil espera y nacen en él unos gramos de odio. Entonces vuelve a la escritura y se sorprende al ver que la obra redonda comienza a fluir.

martes, 17 de marzo de 2020

Nieve

El único testimonio de la noche pasada son estos charcos negros que rítmicamente  componen la calle. Pero el cielo sigue negando parte de su responsabilidad haciendo azules por doquier. Las pocas nubes delgadas y blanquísimas se ocupan en ocultar la nieve que sabemos ha caído en la montaña más alta. Encontramos los últimos reductos de la noche tras las hojas del único árbol de durazno en toda la ciudad.

Historia mínima

La señorita E. se ha desnudado al instante. Se entregará al amado con afán de retenerlo, pero ignora que todo intento será infructuoso, ya que él ama de ella su imagen más que su presencia, y sólo podrá quedarse con su ideal si la abandona pronto y se regodea con su recuerdo.

lunes, 16 de marzo de 2020

Místico III

Me gustaría no ser yo mientras contemplo el avance de la tarde sobre ese solitario árbol en el campo. Es que si soy yo entonces el árbol ya no se encuentra solitario. Si me eliminase notaría mejor cómo el viento llega y se va por los costados del árbol. Comprendería mejor cómo la sombra va movilizándose sobre el pasto y sobre esas flores blancas que sí saben ignorar todos estos acontecimientos. Daría mejores comentarios de cómo valoran los pajarillos pardos esas sus ramas favoritas. Sabría la opinión que tiene el árbol durante el transcurrir del sol y cómo, en definitiva, orienta sus hojitas para contabilizar en la noche, cada una de las estrellas.

Doce poemas

1.
En un tiempo pasado él se acostumbró al desdén de sus compañeras. Hoy es verdaderamente sorprendido cuando tira sus besos a la mejilla de esa señorita en turno y ella gira hábilmente su cabeza para recibir en la boca los deseados labios de él.

2.
Pudo ser que el sol cayera sobre tu desnuda espalda cuando salías brillando de las aguas del mar. Vendrías caminando lentamente hacia mí y tendrías una sonrisa húmeda por las aguas que caían de tu rostro. Podría ser que yo te mirara completa y única, pero a la vez formando parte de ese atardecer que tras mirarlo salvaba mi alma. Podría ser que te besara entonces sin deseo alguno, simplemente por tener tu boca junto a la mía con la misma naturalidad del aire que necesito. Tal vez te acariciaría sin yo darme cuenta de ese acto con el que te doy a conocer mi cariño entero. Tal vez en esos sencillos acontecimientos pasarían varias horas sin que nos diéramos cuenta, como aquella vez en que tierra adentro sí nos amamos como algo real y no como toda esta posibilidad que ahora te cuento.

3.
El edificio resguardará eternamente a la princesa; antes era un castillo, ahora es una casona de tres niveles. Ella ya no es una princesa ni el que la sueña, un príncipe. Sin embargo, la historia se actualiza para esta generación necesitada por siempre de las viejas historias. Como sea él la seguirá buscando a aquella inalcanzable.

4.
Su admiración por el mar no le impidió a ella decidirse a ir tierra adentro. Él se afianzaba firmemente a sus sueños incumplidos, tras las montañas. Contrarios por el paisaje, se reconocieron iguales por la forma de sus manos. Nadie decidió el inicio de su amor en tierras intermedias, dentro de las calles de una ciudad desconocida. No les bastó las figuras de los muros y optaron por recrear su propia alma a partir de las caricias sobre su piel. Al final hallaron la sorpresa cuando se sintieron amados ambos desde el abismo que de sus propios sueños.

5.
El vacío entre tus labios
cerrados
constituye el compendio
de mis deseos.
El resto de tu cuerpo
cobra sentido
a partir de lo que yo
le señale.
Yo soy ante ti
el universo que se admira
completo
justo en este presente
cuando estamos
juntos.

6.
La boca única e inconfundible. El beso presto y sorpresivo. La compañía a un costado, la presencia indudable. Amistad y complicidad mutua. Amor efímero, pero deseado desde antaño.

7.
Nada tenía que ver Venus con esto, pero ya había amanecido. Redibujo en mis recuerdos una mano similar a la mía, sus dedos tamborilean varias veces mi espalda. Su corrección apuntaba al orgullo, y aún hoy siento su compañía.

8.
El toro acababa de morir en el tercio. La plaza luce girones blancos. El matador da la espalda a la bestia caída mientras que alza las manos victorioso. El cielo azul se adentra de alguna manera en la arena de la plaza. Sólo una mujer de pelo ondulado voltea a ver al público, mientras que un hombre tímido mira sus ojos negros.

9.
La cotidiana cena podría enriquecerse si sonriéramos en pareja. Los vapores del cocimiento ocultan tu rostro, pero yo sé claramente la forma de tus labios. Jamás viste mis manos que te sañalaban en ademán solícito. Sólo te concentraste en escuchar esa música que llegaba por un costado y fijaste tus ojos en los míos comprendiendo todo.

10.
Llega corriendo el amante solitario a refugiarse bajo la sombra del segundo árbol. Espera su turno de paso entre el tráfico vespertino. Por primera vez ha dejado de pensar en ella, y es justo entonces que siente su caricia en el brazo izquierdo como si lo acompañara en ese instante.

11.
La señorita ha buscado bajo los faldones de la noche, no quiere aceptar que el amante se ha retirado a otra guerra. Ella lo sigue llamando por nombres equivocados creyendo que acertará algún día. El joven regresa intempestivamente en una noche parecida a aquella y al verla nuevamente asesta un beso cuya respuesta no comprende.

12.
La estructura de la mano, los detalles de las uñas. La mano izquierda que actúa por voluntad propia, la caricia en su rostro lleno de sueños. El enlace de sus dedos, la imagen irreconocible en esas manos confundidas. Su historia habría que descifrarla a partir de lo que sus manos cuentan.

domingo, 15 de marzo de 2020

Místico I

Minuto a minuto el día despliega todas sus justificaciones místicas. En ocasiones servimos a los demás sin esperar retribución alguna. El contacto silencioso tiene mucho de secreto. Recordaremos después a las personas en piadosas palabras. Pero es, definitivamente, la soledad en la que nos encontramos cuando todo este juego comienza a fluir lleno de significados.

Toro soñado

Lo soñado se ha perdido al despertar. Dolorosas manos reclaman atención y cura. La primera sed borra todos estos motivos que se quedan pendientes para un momento de calma que no llega nunca. Las tareas cotidianas reclaman con tal urgencia que borran toda posibilidad de canto. Sin embargo, por la ventana escuchamos la música de un origen indeterminado y de repente recordamos al toro de la pesadilla.

sábado, 14 de marzo de 2020

Miedo

Esta noche fragmentada se hace absoluta cuando apago mi luz de leer. Ahora todo se reduce al ruido del refrigerador allá adentro. Los autos se esfuman antes de notarlos, y mi reloj apenas suena cada 20 segundos. Supongo escuchar grillos, pero son los chasquidos de mis dientes lo que suena, pues tengo el miedo absoluto del que no comprende ni siquiera el origen de su terror impensable.

La señorita gorda

La señorita gorda avanza indiferente dentro de su carro gris, afuera un perro invisible ladra a otro motivo. Ambos no se dan cuenta de que el símbolo se encuentra plasmado, para su entendimiento, en las cosas más insignificantes. La lluvia comienza a hacerse presente y pronto borrará en el tiempo todas estas incongruencias.

viernes, 13 de marzo de 2020

Interrogantes vespertinas

Atardece. El viento agita las plantas ortorgándoles definitivamente vida propia, pero resguardadas por unas hojas hay unas flores que no se mueven. Parajillos solitarios trazan sus propias rutas independientes. Hay un silencio que bien podría llamarse luminoso y una pregunta que no termina de formularse.

Carta a Amaranta

Amaranta, hace poco me escribiste que habías terminado de leer Cien años de soledad, y me preguntabas por la posibilidad del significado de ...